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ATLAS

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“ATLAS”

Fotografia de archivo ampliada e iluminada con oleos Marshall

Poliptico medida final: 220  X 140 CM

Ed. 1/5 + AP

2025

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En Atlas, vuelvo a activar el archivo como un espacio de fricción entre memorias visuales aparentemente inconexas: los negativos originales de fisicoculturistas mexicanos de los años cuarenta, las primeras fotografías de la Tierra publicadas en prensa latinoamericana y un satélite experimental de la NASA suspendido dentro de un hangar. Al reunir estos tres momentos distantes, busco producir un mito renovado para el siglo XXI.

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Las fotografías de los fisicoculturistas, con su teatralización del cuerpo masculino, siempre me han parecido ángeles caídos de eso que alguna vez se entendió como el ideal del cuerpo atlético moderno. En sus poses heredadas de la escultura clásica reconozco el gesto del héroe que sostiene un peso invisible. Son cuerpos construidos para cargar, resistir, tensar; cuerpos concebidos para el esfuerzo y la exhibición. En su contexto original eran promesas locales de una modernidad muscular: la fantasía de un hombre capaz de cargar su propio destino. Para mí, funcionan como resonancias del mito de Atlas, el titán condenado a cargar el firmamento.

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Junto a ellos incorporo las fotografías de la Tierra provenientes del archivo de La Prensa, cuyos reversos saturados de sellos, fechas y fragmentos mecanografiados revelan tanto como su anverso. Estos documentos no solo muestran al planeta: también exponen los modos en que la humanidad aprendió a narrarse desde el cielo. Hasta mediados del siglo XX, la visión exterior de la Tierra pertenecía únicamente a los dioses y a los mitos. Ver el planeta desde afuera era una posibilidad reservada a seres extraordinarios—y entre ellos Atlas ocupaba un lugar central, sosteniendo la esfera celeste por toda la eternidad.

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Con la llegada de la era espacial, ese castigo mítico se vuelve obsoleto. La humanidad logra desprenderse de su propio suelo para mirar hacia abajo: el mundo ya no necesita ser sostenido por un titán porque ha sido capturado por máquinas, antenas y satélites. Ese giro cósmico —el instante en que el planeta se convierte en imagen aquí unas de las primeras vistas de la tierra desde el espacio— constituye para mí el núcleo físico y conceptual de la obra. Por eso incorporo la presencia monumental del satélite experimental de la NASA, detenido en un hangar como un nuevo orbe artificial.

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En Atlas, la esfera del satélite adquiere una cualidad casi divina. Refleja el espacio industrial que la contiene, y en su superficie metálica reverbera para mí la intuición de un poder distinto: el de tecnologías capaces de observar, medir y vigilar el planeta entero.

 

Es en este punto donde introduzco una capa conceptual que desborda la interpretación histórica. El título Atlas no remite únicamente al titán griego ni al fisicoculturista moderno, sino también a la existencia contemporánea de objetos interestelares como recientemente 3iAtlas. Estas entidades —que anteceden a la humanidad por millones de años y continuarán mucho después de nuestra desaparición— introducen una dimensión no antropocéntrica del mito. Atlas deja de ser una figura humana o divina para convertirse en un principio cósmico, un agente material inscrito en la temporalidad profunda del universo.

Al aludir a 3iAtlas, busco restituir una noción de lo sagrado que no depende de creencias esotéricas ni de espiritualidades ingenuas. Lo sagrado, en este contexto, se manifiesta como escala, como duración, como alteridad radical frente a la vida humana. La sabiduría emerge del reconocimiento de límites: de aceptar que existen formas de existencia —viajeras, minerales, interestelares— que exceden por completo nuestra capacidad de representación.

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Desde esta perspectiva, Atlas se convierte para mí en una reflexión sobre el estatuto de las imágenes en la era del archivo y de la exploración espacial. Mirar hacia el espacio no es un gesto de conquista, sino de humildad; y la tecnología, lejos de confirmarnos como medida de todas las cosas, nos recuerda que la vida es apenas una variación entre muchas posibles. Los mitos, lejos de ser reliquias del pasado, continúan ofreciendo marcos simbólicos para pensar lo que desborda al pensamiento humano y lo acerca a lo divino.

En última instancia, Atlas articula una mirada crítica y, al mismo tiempo, contemplativa: una invitación a habitar un territorio intermedio entre la razón científica y la intuición arcaica, donde dioses, satélites, cuerpos y objetos interestelares participan de una misma red de significados. Desde ese lugar, comprendo que no somos quienes cargan el mundo: somos apenas quienes, por un instante, lo observan.

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ATLAS

Fotografia de archivo ampliada e iluminada con oleos Marshall

110  X 140 CM

Ed. 1/5 + AP

2025

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ATLAS

Fotografia de archivo ampliada e iluminada con oleos Marshall110 

Atlas Tierra 55 x 60 cm  Atlas Humano 60 x 80 cm

Ed. 1/5 + AP

2025

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